Terror en la escuela de Policía

18 de enero de 2019
No solo la Policía Nacional está de luto. Todo un país, después de que José Aldemar Rojas Rodríguez ingresara la mañana de ayer, de manera violenta, a las instalaciones del la escuela de Cadetes General Francisco de Paula Santander, en el sur de Bogotá, y se inmolara junto con el vehículo en el que se movilizaba y que iba cargado con 80 kilos de explosivos. El horrible resultado, hasta el cierre de esta edición, era  de 11 personas muertas y 87 más heridas debido a la onda expansiva, además de los daños materiales alrededor de dicho recinto. El interior de las instalaciones de la Policía, ubicada en el barrio Muzú (Tunjuelito), parecía un campo de guerra debido a los daños estructurales que dejó la explosión. Todo el sector fue custodiado por un centenar de Policías, hombres del Ejército y fuerzas especiales. La pregunta que los capitalinos y todos los colombianos nos hacemos es: ¿quién está detrás de esta salvajada? La respuesta solo la podrán dar las autoridades, quienes horas después del reprochable hecho se pronunciaron. “Nuestras capacidades de policía judicial están desplegadas y tenemos la certeza de que en el curso de las próximas horas podremos dar mayor información porque estamos orientados a establecer quiénes son los autores intelectuales de este acto terrorista”, dijo el fiscal Néstor Humberto Martínez. Anoche trascendió que todo apunta a que fue el Eln el autor del horrible hecho. Q’HUBO estuvo en el lugar de los hechos, conoció la tragedia de primera mano y a continuación le entrega un completo informe en donde le contamos los más recientes detalles del infame caso que nos tiene de luto y llenos de dolor de patria y rabia. Así fue el atentado. A las 9:30 a.m. de ayer José Aldemar Rojas Rodríguez se aproximó en su camioneta Nissan Patrol 1993 a la entrada principal de la Escuela de la Policía, ubicada en la Calle 45A sur con Carrera 50A, por donde ingresó. Un primer uniformado, quien se ve en una cámara de seguridad, en donde además quedaron grabadas las placas del vehículo (LAF 565), habría cruzado una palabras con el hombre para conocer el motivo de su visita. Los protocolos de seguridad se llevaron como se hace siempre, por lo que un perro antiexplosivos rondó por la camioneta dando una señal al uniformado, la cual indicaba que había algo extraño en el interior de ese carro. Rojas Rodríguez, al sentirse acorralado, decidió acelerar la camioneta a fondo, llevándose por delante a un auxiliar que se encontraba frente a él para impedir su paso. Ese fue el primer uniformado que falleció antes de que el vehículo estallara. Mientras el carro avanzaba, por lo menos tres uniformados emprendieron una carrera para seguirlo accionando sus fusiles, pero ni las balas hacían que el despiadado y suicida conductor se detuviera. La camioneta alcanzó a avanzar unos 100 metros, quedando muy cerca del llamado campo de paradas, en donde justamente a esa hora se realizaba la ceremonia de nombramiento de brigadieres mayores. Todo parece indicar que el plan del autor material del atentado era ingresar a la Escuela, parquear la camioneta y abandonar el sitio, pero al sentirse acorralado por los policías optó por estallar la carga (con él adentro) que llevaba la Nissan Patrol. Los primeros fallecidos fueron los hombres que intentaron detener al auto. La persecución, que no duró más de un minuto, acabó con un fuerte estallido que alertó a los residentes de por lo menos 10 barrios a la redonda, y que por ende se convirtió en un llamado para se hicieran presentes allí las familias de los policías que prestan el servicio en la Escuela. Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa.

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