Preparar el dulce de la vida y ayudar a jóvenes que tienen diferentes problemas sociales, es por lo que trabaja a diario el chef José Santiago Zamudio, un capitalino de 37 años que vive en el barrio Carlos Albán (Bosa). Él ha tenido que superar todo tipo de pruebas en la vida para llegar a ser un chef querido y admirado por los jóvenes practicantes de gastronomía que pasan por la empresa que él creó con dedicación. Desde niño Santiago ha tenido que pasar por difíciles momentos en su vida, pues con tan solo 4 años edad su madre murió. “Mi papá siempre estuvo conmigo, me ayudó, me apoyó y siempre anduvo pendiente de mí. Él fue un papá muy bueno, decidido y gracias a eso pude crecer muy bien. “Llegamos a vivir a Bosa La Libertad, en las comunas. Allá viví dos años con mi familia, y a pesar de la insistencia de mi padre para que siguiera viviendo con él, decidí salir al mundo de la calle”, confiesa Santiago, quien reconoce que es una de las peores decisiones que puede tomar un joven. Pero a diferencia de muchos que salen a consumir drogas, Zamudio no lo hizo. “Nunca le encontré gracia a consumir drogas, siempre les tuve miedo”, dice. Años más tarde entró al Ejército, y al salir de prestar servicio militar empezó a encontrar su rumbo en la vida. Se prepara un rey. Desde abajo, así fue como este chef empezó a forjar su sueño de ser un maestro de la cocina, para de esta forma ayudar a todas aquellas personas que no encuentran su camino en la vida. Desde lavar platos hasta limpiar la grasa de las ollas, fue el comienzo de quien tenía su camino claro en el momento en que Dios lo escuchó. “Yo le pedí a Dios tres cosas: una buena mujer, un hijo y una razón por la cual vivir, pues yo quería hacer algo maravilloso con mis manos, algo que cambiara la vida de las personas, y mi Señor me escuchó. Él me dio el don de la cocina”, confesó. Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa.