Por clínica de garaje casi pierde la vida

28 de agosto de 2018
Con el profundo deseo por sentirse más bella, Sofía Gómez pagó tan solo 800 mil pesos para que le aumentaran el tamaño de su busto, sin tener en cuenta que con esto estaba poniendo en peligro su vida. Sofía, de 22 años, se dejó deslumbrar por las pronunciadas curvas de sus amigas a las que ya les habían realizado esta cirugía estética. Al no contar con los 4 millones de pesos que cuesta en una clínica de cirugía plástica certificada, optó por tomar la propuesta que le había hecho una allegada. Su conocida le dijo que tenía un producto de buena calidad que le podía inyectar en el busto para aumentarlo y que se verían bonitas y naturales. ‘Sofi’, quien pertenece a la comunidad LGBTI, aceptó dejarse intervenir por ella. Tras someterse al procedimiento, comenzó el calvario que la llevó a permanecer al borde de la muerte, tanto así que duró cuatro días en coma en el Hospital El Tunal, lugar en el que los médicos le salvaron la vida y en donde todavía permanece recuperándose satisfactoriamente. César Barrera, cirujano plástico que la trató, nos dijo: “ella presentaba fuertes dolores en su pecho y la infección comprometía todo su cuerpo, entonces creamos un equipo médico-quirúrgico para salvarle la vida, que era un reto porque estábamos luchando contra el tiempo”. Sofía habló con Q’HUBO y relató la tragedia por la que ha tenido que pasar desde hace ocho meses. Esta es su historia. El relato. “Quería aumentar el tamaño de mi busto y cuando comencé a averiguar lo que me costaba me di cuenta de que era muy difícil conseguir tanta plata. Decidí contarle a una amiga y ella me recomendó a una conocida  que inyectaba buenos productos y confié en ella”. “Esta mujer me dijo que me iba a inyectar un líquido muy bueno que no le había dado problemas de salud a ninguna de sus clientes y que lo aplicaba en su casa (ubicada en el barrio Las Ferias, Engativá,) y que me cobraba solo 800 mil, entonces decidí decirle que de una, que quería que me lo aplicara en el busto”. “Yo soy estilista pero no tengo mi propio salón ni nada y trabajo a domicilio en el mismo barrio donde vivo, en San Francisco (Ciudad Bolívar), entonces mis ingresos no todos los meses son los mismos y esto para mí era una ganga”. “Hace exactamente ocho meses completé el dinero que mi conocida me pedía y en quien confié (se trata de una médica veterinaria) y ella me dijo que realizaba el procedimiento mediante varias sesiones en donde me iban a inyectar biopolímeros.
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