Son muy pocos los que conocen a ciencia cierta los tragos amargos que bebió el reconocido humoristaFrey Eduardo Quintero o ‘Boyacoman’, como lo conocemos hoy en día, antes de volverse una celebridad de la pantalla chica. Desde hace siete años este talentoso hombre ha robado millones de sonrisas de los colombianos, y aunque siempre se ha destacado por su buen sentido del humor, perseverancia y profesionalismo, esto lo fue aprendiendo sobre la marcha y tras duros episodios que lo pulieron para convertirlo en el gran hombre de ahora. Eso lo dejó claro en ‘Se dice de mí’, programa del canal Caracol, donde recordó los duros momentos que atravesó, pero que ahora lo llenan de satisfacción porque lo hicieron más fuerte. Sus peores momentos. A los seis años ‘Boyacoman’ se convirtió en acólito y después fue sacristán. Su sueño era convertirse en sacerdote para no prestar el servicio militar; pero cuando ya tenía todo listo para entrar al seminario, se enamoró y hasta ahí le llegaron las ganas de entregarle su vida a la religión. “Me enamoré de la sobrina del cura y ahí quedaron mis planes”, indicó. Después de eso su vida cambió, el abandono de su papá y una fuerte crisis económica en el hogar lo obligó a lidiar con la escasez y pasar de ser el consentido de su casa, a tener la valentía para luchar por su mamá y su hermana, quienes veían en él la solución a muchos de sus problemas. No obstante, las cosas no fueron fáciles y en más de una ocasión Frey pensó en tirar todo por la borda.