Muchos hombres y mujeres, que se creen muy religiosos y hasta piadosos, de pronto solo son seguidores de ideas que ellos mismos han creado o de otras formas de pensar que les han vendido. Lo peor de esta actitud es que puede acarrear gravísimas consecuencias, ya que en nombre de esos falsos dioses se pueden realizar y justificar grandes perversidades. La verdad es que se ha abusado tanto del nombre de Dios, que tal vez no nos debería extrañar que muchos se nieguen a creer en Él. ¡Por favor! No queremos que tome estas líneas como un regaño, es solo una reflexión dirigida a quienes creen que se puede ser santo por fuera, a pesar de que por dentro están podridos. Encuentre esta bonita reflexión en Q’HUBO para el Alma, la sección que circula los miércoles en nuestra edición impresa.