Patricio Manuel recuerda sus inicios en el boxeo. Fue cuando, a sus 16 años, su abuela le dio sus primeras lecciones en un gimnasio, en su natal Boyle Heights (California, Estados Unidos). Sin embargo, a pesar de su evolución deportiva, tuvo que lidiar con un problema: la incomodidad que le generaba su cuerpo, pues era el de una mujer y no el de un hombre, como él sentía y quería ser. “La pubertad fue lo más difícil, yo no quería tener busto”, dijo Manuel en una entrevista. A pesar del dilema de su físico, Patricio, quien en esa época era Patricia, siguió adelante en su idea de ser un boxeador consagrado. Mejoró sus habilidades y llegó a ser cinco veces campeona nacional en la rama femenina. De hecho, tenía listo un cupo para participar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y representar a su país en la primera competencia de boxeo para mujeres en las justas. Pero una grave lesión de hombro la marginó. Sentirse débil la llevó a plantearse la idea de cambiar de sexo. Un cambio drástico. La transición no fue fácil. Patricio tuvo que someterse a varias cirugías y a un tratamiento hormonal para cambiar su físico. Aunque la prueba más dura la tuvo cuando supo que los centros de entrenamiento no le permitían practicar boxeo por cambiar de sexo. Para fortuna de él, el Comité Olímpico Internacional avaló en 2016 que los atletas transgénero, que habían pasado de mujer a hombre, podían competir sin restricciones. Así que Patricio volvió a entrenar y a luchar por su sueño de ser un boxeador profesional y exitoso. Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa.