El poder de vivir sin resentimiento

17 de octubre de 2018
“Yo ni siquiera he utilizado la palabra perdón, porque perdonar supone que el otro tuvo una intención individual de matar, de hacer daño o lo que sea, y no, el otro fue víctima tanto como mi hijo de las fuerzas del sistema”, con esa frase Mireya Kurmen expone claramente la bondad de su alma, al asumir sin rencores el asesinato de su hijo: Juan Manuel Campo Kurmen. Ayer (16 de octubre) se cumplió un año de la muerte del biólogo de 37 años, quien la noche del 15 de octubre de 2017 fue interceptado por un par de delincuentes en el puente peatonal de la carrera 30 con calle 40, a la salida de la estación de TransMilenio El Dorado, y por oponerse al robo de su cámara fotográfica recibió dos heridas con puñal en el pecho frente a su novia. La pérdida de un hijo es el dolor más profundo que puede sentir cualquier persona, pero desde el principio Mireya, quien es una psicóloga formada en el pensamiento sistémico, aceptó el destino y con valentía decidió mirar a los ojos al confeso homicida de Juan Manuel, por quien no siente rencor. “Estoy segura que ese muchacho en su historial tiene antecedentes en su familia de asesinatos, de violencia, de excluidos, que lo llevaron a obrar en ese momento así”. “Lo que me pareció lindo de la experiencia fue que este muchacho pide perdón. Él reconoce que mató a mi hijo, pide perdón a su mamá y también a su hermano, que estaban en el juicio. Y cuando él pide perdón yo me siento totalmente desarmada”. La bondad, su herencia. “La misma noche en que mataron a Juan yo le dije a mi hija, que fue conmigo a la clínica, ‘mamita, no podemos albergar sentimientos de venganza, de rencor’. Y para mí ha sido lindo también ver que mis hijos tienen esa cultura, tienen esos valores. Ella me dijo: ‘no mamá, yo pienso: pobre muchacho. ¿Qué les habrá ofrecido la vida a esos muchachos para que hagan esto?’. Porque es que matar a otra persona es muy duro, es un acto muy duro… es tremendo. Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa. 

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