Carvajal: un guerrero incansable

29 de enero de 2019
Para describir la calidad de persona que era Andrés Felipe Carvajal, Leidy Arciniegas, su novia de hace seis años, recurre a recordar un episodio de sus vidas en el que el cadete de la Policía dejó ver su lado más humano. “Estábamos en la veterinaria llevando a nuestra perrita, y había otro perro al que habían atropellado pero en ese lugar no lo querían atender, porque cobraban, entonces Andrés no quiso dejar morir a ese animal y por eso hizo una colecta entre todas las personas que estaban ahí y los que pasaban cerca, y gracias a esa acción esa mascota hoy está viva”, rememora ella mientras una lágrima más, de las tantas que ha derramado, le atraviesa una mejilla. Anécdotas como esta hay muchas, y no solo las tiene Leidy, sino todas las personas que poco o mucho compartieron con Andrés, el uniformado de la Policía al que le faltaban año y medio para graduarse como Subteniente, y quien este domingo se convirtió en la víctima número 22 del atentado en contra de la escuela General Santander. Desde el pasado 17 de enero, fecha de la explosión que dejó un centenar de personas afectadas, en la casa de Leidy se hizo un pequeño altar en donde a diario ella y su familia oraban para que Andrés tuviera una segunda oportunidad, pero lastimosamente diez días después del ataque el muchacho pereció. Seis cirugías, varias terapias, y millones de rezos que provenían de todas partes del país, no fueron suficientes para que este guerrero le ganara la batalla a la muerte. Su historia. Andrés Felipe nació el 12 de marzo de 1994 en el municipio de Chiquinquirá, del departamento de Boyacá. Se crió en Coper, una población cercana al lugar de donde era oriundo. Su carrera militar comenzó cuando se presentó para ser oficial del Ejército, pero allí no pasó las pruebas, por lo que luego, a mediados de 2012, se fue a prestar servicio en dicha institución. Dos años más tarde se vinculó a la Policía, en donde hizo un curso de patrullero que duró seis meses. Luego hizo un curso como comando especial y se trasladó a Arauca, en donde incluso hizo parte del pelotón encargado de erradicar la hoja de coca. A mediados de 2016, con el apoyo de su familia, Carvajal logró vincularse a la Escuela de Cadetes de la Policía General Santander, en donde hasta el día del atentado cursaba su carrera profesional. Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa.

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