Asesinado por intentar frustrar un hurto

28 de junio de 2018
Lleno de valentía, con la esperanza de ayudar a frustrar un hurto y tras sentir que al sacar un cuchillo los delincuentes iban a salir huyendo, José Yesid Gantiva salió del asadero en donde trabajaba para espantar a unos ladrones, pero no contó con que uno de ellos estuviera armado y que, tras sentirse acorralado, le propinara varios disparos. Su cuerpo quedó tendido a pocos metros del local en el que laboraba vendiendo pollo asado, boca abajo y al lado de la bicicleta de su homicida, la cual quedó en la escena del crimen cuando este trató de huir a pie por las estrechas calles del barrio Dindalito (en Kennedy). La comunidad aseguró que escuchó cinco disparos, sin embargo no se conoce a ciencia cierta la cantidad de balas que ingresaron al cuerpo de José, quien se presume tenía 34  años y era un hombre trabajador y colaborador. Hurto y bala. Al mediodía de ayer, justo cuando los restaurantes empiezan a llenarse de comensales, tres delincuentes llegaron hasta la Calle 42A Sur con Carrera 93 para aprovechar el alboroto de la hora y cometer un atraco. Vestidos con chaquetas negras con capotas cubriendo sus cabezas y portando tapabocas para ocultar su identidad, los  pillos acorralaron a un repartidor de leche que se encontraba al lado del camión en donde transportaba el producto. Con un revólver empezaron a intimidarlo mientras que le revisaban los bolsillos para llevarse el botín de su labor diaria. “El camión de la leche viene a surtir los negocios los mismos días y casi que a la misma hora, eso demuestra que los delincuentes ya tenían ese asalto planeado y pensaron que todo iba a salirles bien”, contó un comerciante del sector. La situación llamó la atención de varios transeúntes y el alboroto hizo que Gantiva se asomara a la puerta y observara cómo los pillos sacaban del bolsillo del comerciante 400 mil pesos. Con el único fin de ayudarlo, José ingresó corriendo al restaurante en el que laboraba, buscó un cuchillo con el que cortaban el pollo y salió con él en la mano derecha para espantar a los ladrones. Tras gritarles que dejaran quieto al repartidor de leche, al mismo tiempo que caminaba unos pasos,  recibió los disparos.
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