En el segundo piso de su vivienda José Emiro Guerrero, de 84 años, crea sus obras en el barrio Calimío Desepaz, en el oriente de Cali. Aún recuerda como si hubiese sido ayer que sus primeros empleos se relacionaron con la industria publicitaria de los años 70. “Yo trabajaba como pintor de letras, hacíamos los avisos publicitarios de las empresas y los bancos a mano alzada. Uno de los que más me daba empleo era el señor Pepino Sangiovanni”, destacó el octagenario artista. A Cali llegó a los 14 años de su natal Silvia (Cauca). “Me le escapé a mi papá”, destacó con precisión y en medio de una gran carcajada. Su trabajo como pintor de avisos se acabó cuando llegó la tecnología, desplazando la mano de obra. Artista empírico. Guerrero tiene en su casa más de cien obras, entre esculturas y pinturas que ha realizado. “Yo normalmente me levanto a las 5 a. m. y trabajo hasta las 11 a. m. sin parar, cuando tengo las ideas claras”, explicó. Desde hace 40 años, cuando quedó solo con su esposa, se metió de lleno a crear arte con diferentes materiales. Al no tener una formación artística, comenzó a combinar diferentes técnicas como el acrílico y la arcilla, para dar con lo que quería plasmar. “Comencé a hacer una mica grande, a la que llamé ‘La Coquera’, que fue mi primer trabajo artístico”, señaló. Una de las obras que más enorgullecen a este hombre fue ‘La Chiva de los Guambianos’, con la que participó por primera vez en el salón de arte popular de la Fundación BAT. “Con ‘La Chiva de los Guambianos’ me demoré ocho años haciéndola, por la cantidad de detalles que tenía”, recordó Guerrero, quien también confesó que se postuló en más de una ocasión para los estímulos de la Secretaría de Cultura de Cali. Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa.