Cuando uno empieza a hacerse a la idea de que lo había visto todo, aparece algo nuevo que irrumpe en las relaciones humanas. En Japón ya es común ver prostíbulos con muñecas robotizadas, que cumplen cada una de las peticiones y fantasías amorosas de los clientes, y sin protestar. Empleadas mecatrónicas de gran belleza que no exigen sueldo ni vacaciones, ni primas y tampoco se embarazan. Estas ‘chicas’ hiperrealistas conocidas como ‘mujeres holandesas’, tienen un esqueleto robótico interno, y su piel y rasgos externos son hechos de silicona extra suave.