Después de tomar el último sorbo de café, Armando Castiblanco Pineda salió de la panadería en donde departía con un conocido. Juntos dieron no más de tres pasos hasta que se detuvieron para cruzar unas palabras, las cuales fueron interrumpidas por el estallido de un arma de fuego. Cuatro disparos viajaron en dirección de Castiblanco Pineda, mientras que su acompañante veía la acción criminal sin mayor preocupación, para luego darse a la huida sin siquiera prestarle los primeros auxilios. Los gatilleros que sembraron el terror en el occidente de Bogotá aceleraron la motocicleta en la que se movilizaban y desaparecieron en cuestión de segundos, dejando atrás, sumido en una mancha de sangre, al hombre que minutos antes engañaron para hacerlo salir de su casa y así ejecutar su labor. Testigos del hecho afirmaron que nunca antes habían visto al hoy fallecido recorrer esas calles, y además aseguraron que era la primera vez que ingresaba a la tienda en donde se tomó el último café. “Nos pareció muy raro que el muchacho, con el que estaba el señor al que le dispararon, no hiciera nada más sino correr. Si fuera alguien cercano se queda para ayudarlo, pero no va uno a saber si no es cómplice de los matones”, contó una vecina. Sus últimos pasos. El principio de este hecho judicial tuvo lugar en un predio del barrio Mandalay (Kennedy), en donde la víctima se encontraba durante las primeras horas de este domingo, cuando lo llamó un hombre y por motivos que se desconocen lo citó en una panadería del barrio Kennedy Central. La cita quedó pactada para las 9:30 a.m., motivo por el que unos 20 minutos antes Armando salió de su vivienda. Tomó unas gafas de sol, una gorra y se dispuso a tomar un transporte para cumplirle al hombre que lo había llamado. Un apretón de manos y una invitación a desayunar fue lo que vino después del repentino encuentro entre ellos dos, quienes parecían un par de amigos ante la mirada de los testigos. Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa.