La desaparición repentina de Mauricio Morales Avendaño puso en pausa la vida de su hija y las de sus allegados. Su negocio, una carnicería ubicada en el barrio San Francisco (localidad de Ciudad Bolívar), no volvió a abrir sus puertas desde el viernes, cuando el hombre de 45 años salió a recoger una plata pero nunca regresó. Su hija Laura, quien estuvo al tanto de la desaparición de su padre desde el primer momento, tocó todas las puertas posibles para buscarlo. Acudió al barrio El Muelle, en Engativá, con el fin de hallar pistas del paradero de su progenitor, pues se había dirigido allí el pasado viernes, día en el que le perdieron el rastro. “Nadie nos ha dado razón de él. Lo último que supimos fue que reclamó la plata que le debían, se devolvió para la casa y nunca regresó. Estamos aquí en Medicina Legal poniendo el denuncio de su desaparición, porque esto nunca había pasado”, narró Laura a Q’HUBO minutos antes de conocer la trágica noticia. Pero sobre las 2 de la tarde la joven fue notificada sobre la muerte de su padre. Por un instante la tierra se detuvo y ella sintió que se había abierto en dos para tragársela entera; esa fue su sensación luego de que le dijeron que el cadáver de su padre reposaba en Medicina Legal desde hace varios días. Llena de dolor, con un millón de preguntas sobre el fatídico destino que había tenido su papá, y con la esperanza de que se tratara de un error, aguardó con calma a que le entregaran los documentos que probaran que el ser trabajador y que la sacó adelante durante toda su vida en verdad se encontraba muerto. La desaparición. Sobre las 4 de la tarde del viernes Mauricio salió de su vivienda, en el barrio San Francisco, con el fin de cumplirle una cita a uno de sus hermanos en Engativá, pues allí él recibiría un millón ochocientos mil pesos en efectivo ($1’800.000). Entérate de la nota completa en nuestra edición impresa.